Pesaría unos cinco kilos, tal vez algo menos. La piel cálida, los pulmones prietos. Sondeaba con su pelo periscopado los entresijos de mi barba mientras yo cantaba, ausente, centrado en el sol que tanteaba la persiana. Brilla, sol amarillo, haz mi entendimiento mayor. Brilla, y deshaz este dolor. De sus tripas nacían gemidos y mugre, ...