Es uno de enero y los días siguen decreciendo en el hemisferio norte: algo parece haberse desajustado en los ciclos de luz que rigen la tierra. Lo atribuyen a un comportamiento inesperado del sol que, según las primeras mediciones, muestra patrones de actividad magnética distintos a los que corresponden a la época del año, más tenues, quizá mediados por turbulencias en su núcleo. No hay registro similar desde que hay registro.

La población, alarmada más por la noticia que el hecho, se repliega en una tosca coreografía. El verano se antoja ahora mera ensoñación, dulce eco que aún titilaba entrado diciembre. Nada detiene las compuertas abiertas de la noche sedosa mientras se desliza sobre océano y continente, como un conjuro, anatema de los seres.

Fuera, en las inmensidades del espacio incógnito, una diminuta esfera azulada patina hacia nuevos lugares, electrón desprendido de su átomo dispuesto a tunelar la tiniebla que lo separa de su próxima órbita.

Sobre Aner

AnerHay indicios de que nací en el 82. Escritor, pensador, compositor y físico teórico. Qué va, es todo mentira, maldita sea. Soy diseñador gráfico. También hago canciones pegadizas. Pero ante todo soy persona. Persona humana, en concreto.