De todo aquello hay dos hipótesis. Una dice que nacieron del mar y caminaron sobre la tierra. Que dominaron primero el fuego y las bestias; luego la luz, el clima, el espacio-tiempo. Asegura que extrajeron la palabra del cálamo, que lo mismo describieron la soledad del átomo que las hondas heridas del universo. Que admiraron el número y sus formas, los abdujo la música, los venció lo sublime, discurrieron sobre el infinito y más reiteradas les fueron entonces su propia finitud y la simetría de sus sinos. Detalla en extenso que amaron y mataron en un mismo día y durante eras; también que rezaron a innumerables dioses, todos defectuosos, todos ingeniados para la barbarie; cuánto anhelaron trascender y cómo, al final, apilaron cemento por encima de sus cabezas hasta cubrir un planeta inánime y miserable. Se trata sin duda de una hipótesis compleja, difícil de sostener por la notoria incompatibilidad entre sus axiomas, además de sumamente aburrida.

La otra, la más probable por más simple, propone que nadie, nunca, hubo existido.

Sobre Aner

AnerHay indicios de que nací en el 82. Escritor, pensador, compositor y físico teórico. Qué va, es todo mentira, maldita sea. Soy diseñador gráfico. También hago canciones pegadizas. Pero ante todo soy persona. Persona humana, en concreto.