Sentado en la butaca, observaba Andrómeda tras el cristal. Lo incomodaba saber que se aproximaba, veloz en el espacio, lenta en el tiempo humano, sujeta a la naturaleza de lo celeste. De alguna forma se sentía partícipe de un hecho al que nunca asistiría.

—Me preocupan las distancias.

La doctora anotó algo en un cuaderno. Posó el lápiz en los morros un rato antes de preguntar.

—¿En qué sentido?

***

—Cuando llueve, usted percibe la lluvia. Yo percibo las gotas. Cada maldita gota, por separado —dijo con una mueca de dolor—. Los instantes, como la lluvia, se subdividen infinitamente. Usted siente que se está mojando; yo siento la pausada progresión que acontece entre estar seco y empapado; un tedioso recorrido en la adquisición de grados de humedad.
—Y afirma poder controlar ese proceso, ¿cierto? Tomar decisiones mientras ocurre.
—Quiero pensar que no es usted tan incrédula con el resto de sus pacientes —repuso, antes de girar la cabeza de vuelta al cielo nocturno.

Iris sonrió tras el lápiz que había vuelto a acomodar sobre los labios.

—Simplemente trato de encajar su relato en el paradigma físico actual.

***

En la penúltima planta de un viejo motel de carretera, más cerca del desierto que de ningún otro sitio, Jano y su psicóloga mantenían la habitual charla de inicios de mes. Por primera vez ella acudía en persona, tras la insistencia de él por evitar las visitas holográficas. No soportaba verla parpadear constantemente.

A Iris, mujer entregada aunque cauta, le entusiasmaba su oficio, pero era prudente; con frecuencia, sus pacientes podían resultar peligrosos. Éste no parecía ser el caso.

—Jano, nadie ha sido diagnosticado con el Mal del Geómetra desde la cuarta actualización. Cuando eso ocurrió, mis abuelos aún no habían nacido. ¿Es usted consciente de lo improbable que es?
—La membranas del espacio-tiempo están compuestas, en su mayor parte, de improbabilidades. Los hechos que no ocurren no desaparecen, son almacenados. Todos. Esa tiniebla, esa oscuridad uniforme que predomina cada vez que mira el universo, es, básicamente, el tejido de la improbabilidad. Estaremos de acuerdo en que, lo que acontece, lo hace en la luz; somos observadores de un escenario molecular. Sin embargo, en el momento previo a la realidad constituída, esa realidad es múltiple. No estamos hablando de líneas temporales ni mundos paralelos. Estamos hablando de que, antes de que me haga su próxima pregunta, todas las preguntas serán posibles, incluídas las que carecerían de sentido, las formuladas en un lenguaje aún por inventar o ya desaparecido, las que no conoce o no se cree capaz de imaginar. Al final, usted habrá descartado todas salvo una, contribuyendo así a la continuidad del cosmos. Instaurará la realidad e infinidad de parámetros estadísticos se habrán visto levemente modificados, entre ellos los relativos a la improbabilidad de las cosas.

Un coche accedía al parking del motel. Iris supuso que aparcaría frente a la puerta principal. El coche pasó de largo. Se dirigirá a la plaza vacía, repensó. El coche cruzó el aparcamiento sin detenerse y desapareció por la salida trasera.

Titubeó. Resopló. Extrajo una tarjeta de la solapa interior de su cuaderno. Se levantó del sofá y se acercó a la butaca de Jano. Antes de entregarle la cartulina miró de reojo la extensa fórmula que ocupaba buena parte de ella.

—Es la prueba. Debe resolverla instantáneamente para validar su enfermedad. —Extendió la tarjeta deseando algo que nunca antes había deseado: equivocarse. Una sofocante certidumbre le decía que Jano no mentía—. Si lo hace…, nos desconectarán. A todos. Lo sabe, ¿verdad?

Antes de que acabase su pregunta Jano ya había contestado. El implante auricular zumbó en su oído derecho. Luego cayó al suelo, inconsciente. Algo de Alice in Chains erosionaba el hilo musical. La noche se sostuvo brevemente, como la inspiración que precede a un estornudo. Jano seguía lúcido en el sillón. Sus ojos exhibieron una tenue satisfacción. Miraba a través de la ventana, emocionado y tembloroso ante la probabilidad de presenciar Andrómeda colisionar.

Sobre Aner

AnerHay indicios de que nací en el 82. Escritor, pensador, compositor y físico teórico. Qué va, es todo mentira, maldita sea. Soy diseñador gráfico. También hago canciones pegadizas. Pero ante todo soy persona. Persona humana, en concreto.