Perdió ambos brazos en la guerra, alguna de tantas que quiso detener. Más tarde perdió las piernas al cruzar con escasa fortuna un huerto sembrado de minas. El reventón también se llevó por delante sus tímpanos. Durante largo se arrastró, amorfo ser, y en determinado punto perdió el horizonte, no tanto porque aquél se evaporase como porque sus ojos se fundieron con la arena. Para cuando quiso contarlo ya le habían cosido la boca.

Tenía algo de placentero ese sentir aturdido, la constante borrachera de apenas conectar con la realidad velada y distante. Advirtió una brisa violenta circunscribiendo su cara y se supo al borde de la azotea. Inspiró profundamente, curtido sumiller del momento, dichoso ante la noche fumigada por el perfume de la esperanza.

Originalmente escrito para el taller 45 de Literautas.

Sobre Aner

AnerHay indicios de que nací en el 82. Escritor, pensador, compositor y físico teórico. Qué va, es todo mentira, maldita sea. Soy diseñador gráfico. También hago canciones pegadizas. Pero ante todo soy persona. Persona humana, en concreto.